El problema

De acuerdo con el estudio “¿Cuántas familias necesitan una vivienda y en qué territorios?”, más de 640 mil hogares en Chile -2 millones de personas, el 10 por ciento del país- no tienen acceso a una vivienda digna, es decir, que viven allegadas, hacinadas, en campamentos o en situación de calle.
Junto con los dramas familiares y personales que esconden estos números, estos datos reflejan una enfermedad más profunda: el difícil acceso a la vivienda, especialmente para la población más vulnerable. Pero ¿quiénes son las personas que sufren de esta exclusión habitacional? La mayoría de ellas tienen una jefatura femenina y menor escolaridad, y una gran proporción está en situación de pobreza por ingresos.
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Las regiones que concentran el déficit habitacional en Chile son: la Metropolitana con un 49%, seguida de Valparaíso (11%), Biobío (6,4%), Antofagasta (5.8%), Tarapacá (4.6%) y el Maule (4.3%). Chile está viviendo una de las peores crisis de acceso a la vivienda de las últimas décadas. El impacto de la pandemia, el alza en los créditos hipotecarios, el precio de los materiales y por consiguiente de los arriendos ha empujado a miles de familias a vivir de allegados, hacinados o en campamentos.
El alto déficit habitacional que hoy se observa es consecuencia de la relación entre una alta demanda, una oferta excluyente y una política pública que no ha podido mediar entre ambas, ni tampoco actualizarse y adaptarse ante los cambios de las últimas décadas en la población. La demanda habitacional ha aumentado considerablemente en magnitud y complejidad, entre otros factores, por cambios demográficos y una mayor presión de la población por vivir en sectores urbanos y consolidados. A estos elementos, se agrega un creciente flujo de inversiones en el rubro inmobiliario, acrecentando fuertemente esta demanda sobre las viviendas y el suelo. La crisis tiene múltiples niveles y necesita distintas soluciones
En Chile la política habitacional sigue definida principalmente por subsidios a la demanda, con políticas de suelo casi inexistentes y con un pilar dominante como solución que es la vivienda nueva en propiedad. Al ritmo promedio de soluciones habitacionales que se han entregado anualmente en los últimos años en Chile para la población más vulnerable mediante subsidios, el déficit habitacional no será superado ni en 30 años más, develando un desgaste de nuestro actual sistema para responder a las demandas de nuestro país. Urge realizar cambios estructurales en el sistema y producir una reforma profunda de la política habitacional con miras a lograr el #DéficitCero.

En consecuencia, el precio del suelo ha aumentado de forma abrupta a más del triple en los últimos 15 años, situándose muy por sobre lo que han aumentado los salarios de las familias. En este escenario, los precios de las viviendas se han transformado en una carga que muchas familias no pueden soportar (TECHO, 2021) y hemos evidenciado un incremento de personas excluidas del acceso a la vivienda, ya sea en arriendo o propiedad. Por su parte, la política habitacional sigue estando definida principalmente por subsidios a la demanda, con políticas de suelo casi inexistentes y con un pilar dominante como solución que es la vivienda nueva en propiedad. Al ritmo promedio de soluciones habitacionales que se han entregado anualmente en los últimos años en Chile para la población más vulnerable mediante subsidios, el déficit habitacional no será superado ni en 30 años más, develando un desgate de nuestro actual sistema habitacional para responder a las demandas de la población en esta materia. El sistema habitacional está mostrando síntomas de desgaste para enfrentar la magnitud de la demanda actual. Será necesario, por tanto, realizar cambios estructurales en este sistema y producir una reforma importante de la política habitacional con miras al objetivo planteado. Todo el sistema habitacional que no podrán ser superados sino de forma colaborativa. Desde “Déficit Cero” hacemos el llamado a no “hacer-lo-posible”, sino a “hacerlo posible”.